Secretos pensamientos
Es inquietante el pensamiento solitario
Que tantas veces se desprende audaz
De mi mente,
Siempre afanada en fabricar presentes
y recobrar recuerdos
y encarcelar temores y secretos.
El pensamiento solitario se me escapa a veces
Y quiere recorrer los laberintos de la palabra ardiente,
O del papel en blanco que reclama el obsequio
Del olor cálido y penetrante de la tinta amiga.
Mas, le cuesta andar lo nunca andado.
Siente temor de la presencia ajena,
O del oído que, cansado o distraído,
Deja escapar el paso tímido de su aventura.
Por eso, su valor siempre me asombra
Y me deja perpleja y abatida,
Reclamando a mi mente su clara displicencia,
Su fracaso en guardar mis desventuras
En cuidar mis desvelos y mis sueños
Que en palabras sonoras o silentes
Forman los pensamientos revelados
Que encuentran o no encuentran
Un oyente.
Y terminan por volver a mi mente
En forma de secretos reverentes
Que mi alma abriga, atesora y protege.
Secretos pensamientos……
lunes, 15 de febrero de 2010
jueves, 11 de febrero de 2010
Escritos del Che Guevara
Las estrellas veteaban de luz el cielo de aquel pueblo serrano y el silencio y el frío materializaban la oscuridad. Era –no sé bien como explicarlo- como si toda sustancia sólida se volatizara en el espacio etéreo que nos rodeaba, que nos quitaba la individualidad y nos sumía, yertos, en la negrura inmensa. No había una nube que, bloqueando una porción del cielo estrellado, diera perspectiva al espacio. Apenas a unos metros, la mortecina luz de un farol desteñía las tinieblas circundantes.
La cara del hombre se perdía en las sombras, solo emergían unos como destellos de sus ojos y la blancura de los cuatro dientes delanteros, todavía no sé si fue el ambiente o la personalidad del individuo el que me preparó para recibir la revelación, pero sé que los argumentos empleados los había oído muchas veces esgrimidos por personas diferentes y nunca me habían impresionado. En realidad, era un tipo interesante nuestro interlocutor: desde joven huido de un país de Europa para escapar al cuchillo dogmatizante, conocía el sabor del miedo (una de las pocas experiencias que hacen valorar la vida), después, rodando de país en país y compilando miles de aventuras había dado con sus huesos en la apartada región y allí esperaba pacientemente el momento del gran acontecimiento.
Luego de las frases triviales y los lugares comunes con que cada uno planteó su posición, cuando ya languidecía la discusión y estábamos por separarnos, dejó caer, con la misma risa del chico pícaro que siempre lo acompañaba, acentuando la disparidad de sus cuatro incisivos delanteros: “El porvenir es del pueblo y poco a poco o de golpe va a conquistar el poder aquí y en toda la tierra. Lo malo es que él tiene que civilizarse y eso no se puede hacer antes sino después de tomarlo. Se civilizará sólo aprendiendo a costa de sus propios errores que serán muy graves, que costarán muchas vidas inocentes. O tal vez no, tal vez no sean inocentes porque cometerán el enorme pecado contra natura que significa carecer de capacidad de adaptación. Todos ellos, todos los inadaptados, usted y yo, por ejemplo, morirán maldiciendo el poder que contribuyeron a crear con sacrificio, a veces enorme. Es que la revolución con su forma impersonal, les tomará la vida y hasta utilizará la memoria que de ellos quede como ejemplo e instrumento domesticatorio de las juventudes que surjan. Mi pecado es mayor, porque yo, más sutil o con mayor experiencia, llámelo como quiera, moriré sabiendo que mi sacrificio obedece solo a una obstinación que simboliza la civilización podrida que se derrumba y que lo mismo, sin que se modificara en nada el curso de la historia, o la personal impresión que de mí mismo tenga, podría seguir el camino contrario y prolongar unos años mi vida; usted morirá con el puño cerrado y la mandíbula tensa, en perfecta demostración de odio y combate, porque no es un símbolo (algo inanimado que se toma de ejemplo), usted es un auténtico integrante de la sociedad que se derrumba: el espíritu de la colmena habla por su boca y se mueve en sus actos; es tan útil como yo, pero desconoce la utilidad del aporte que hace a la sociedad que lo sacrifica”
Vi sus dientes y la mueca picaresca con que se adelantaba a la historia, sentí el apretón de sus manos y, como murmullo lejano, el protocolar saludo de despedida. La noche, replegada al contacto de sus palabras, me tomaba nuevamente confundiéndome en su ser; pero pese a sus palabras ahora sabía… sabía que en el momento en que el gran espíritu rector dé el tajo enorme que divida toda la humanidad en sólo dos fracciones antagónicas, estaré con el pueblo, y sé –porque lo veo impreso en la noche- que yo, el eclético disector de doctrinas y psicoanalista de dogmas, aullando como poseído, asaltaré las barricadas o trincheras, teñiré en sangre mi arma y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga entre mis manos. Y veo, como si un cansancio enorme derribara mi reciente exaltación, como caigo inmolado a la auténtica revolución estandarizadora de voluntades, pronunciando el “mea culpa” ejemplarizante. Ya siento mis narices dilatadas, saboreando el acre olor de pólvora y de sangre, de muerte enemiga; ya crispo mi cuerpo, listo a la pelea y preparo mi ser como un sagrado recinto para que en él resuene con vibraciones nuevas y nuevas esperanzas el aullido bestial del proletariado triunfante.
Tomado de:
Che Guevara Ernesto, América Latina despertar de un continente, 2003, págs. 58-60
martes, 8 de diciembre de 2009
La mano dura de Otto Guevara
Definitivamente no me gustan los slogans de la campaña de Otto Guevara en el tema de la seguridad ciudadana. Ya en otro artículo comenté la falta de contenido y sustento jurídico de su promesa de declarar emergencia nacional la situación de inseguridad que vivimos. Ahora quiero comentar otras dos frases de gran contundencia y, por lo visto, de gran impacto en los electores: "En mi gobierno, el que la hace la paga" dice don Otto y promete meter a todos los delincuentes en la cárcel. Tanbién promete "mano dura contra la delincuencia". Me pregunto ¿cuál es el alcance de estas frases? Siento, de primer momento, una llamada directa a los sentimientos más primitivos del ser humano, como son el odio y la venganza, que hoy por hoy, es cierto, nos mueven la conciencia cada vez que nos enteramos de un acto de crueldad contra un semejante, sobre todo si se trata de niños, y más aún si ha sido contra nosotros mismos. Sí, todos querríamos el más fuerte castigo (¿por qué no la muerte?) contra esas personas que han perdido -al parecer- su condición humana. Eso, sin embargo, significa retroceder siglos en el desarrollo de la civilización y de la humanidad. Es que llegaremos, acaso, al "ojo por ojo y diente por diente" del Código de Hamurabi de dos mil años atrás? ¿Significa que por defendernos, hemos de perder nosotros también nuestra humanidad? Y si no tiene estos alcances tan graves, ¿cómo haremos pagar a los delincuentes sus accciones? ¿Es que se autorizará la tortura, las golpizas, las detenciones ilegales, el hacinamiento en cárceles,el hambre y la enfermedad en ellas? ¿Se fomentarán los linchamientos y las "manos blancas"? Todos estos temores me asaltan, más aún si esos planteamientos pueden ser percibidos y aceptados por los electores en tales términos, aunque fuese solo en lo íntimo de la conciencia. Yo creo, sin embargo, que don Otto Guevara no tiene en mente tales cosas, pues es un abogado distinguido, graduado en Harvard que no puede desconocer los convenios internacionales sobre derechos humanos que nuestro país ha suscrito, nuestra Constitución Política, nuestras leyes penales y demás normas, que prohíben esas acciones y que garantizan el debido proceso y el respeto a la integridad de los imputados y el tratamiento adecuado de los privados de libertad. Tampoco puede desconocer la copiosa jurisprudencia de la Sala Constitucional que exige y garantiza la aplicación de esas normas. Es un político experimentado que conoce la realidad de nuestro sistema penitenciario y de la infraestructura carcelaria y sabe que resolver sus necesidades requiere, además de "mano dura" del Presidente del país, una mente abierta y productiva, sensibilidad e inteligencia para proponer soluciones y trabajo duro y coordinado de todos los poderes del Estado. Si don Otto sabe todo esto, ¿qué quiere entonces decir con sus frases publicitarias? ¿Aprovechar este íntimo sentimiento de temor y revanchismo que todos sentimos para ganar votos de incautos? ¿O tienen un mayor contenido? Hago públicas estas preguntas al candidato del Movimiento Libertario para que dé explicaciones, no a mí, sino al pueblo al que pide sus votos.
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